El trauma como desconexión desde el enfoque de Gabor Maté.
- psijuanatesta
- 16 oct 2025
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En las últimas décadas, el Dr. Gabor Maté se ha convertido en una de las voces más influyentes en el campo del trauma, la adicción y la salud emocional. Su mirada combina décadas de experiencia clínica con un profundo conocimiento de la neurobiología, la infancia y la naturaleza humana. Pero lo que distingue su enfoque no es solo su rigor científico, sino su capacidad para mirar el sufrimiento con compasión, sin patologizarlo ni reducirlo a un diagnóstico.
Propone que el trauma es algo que ocurre dentro de nosotros cuando una experiencia dolorosa nos obliga a desconectarnos de lo que somos para poder sobrevivir. Desde esa herida interior, el cuerpo, la mente y las emociones se adaptan, buscando equilibrio a costa de nuestra autenticidad.
No se trata de “curar” lo roto, sino de reconectar lo separado: volver a sentir, volver a habitar el cuerpo, volver a confiar en la propia verdad. Sanar, en este sentido es recuperar la conexión con el yo que quedó suspendido en el tiempo del dolor.
El trauma desde la perspectiva de Gabor y las similitudes estructurales a cómo lo entiende el psicoanálisis.
Al igual que el psicoanálisis, Maté entiende que las experiencias tempranas (particularmente las relaciones con los cuidadores primarios) dejan huellas en la vida emocional y en la forma de vincularnos.
El trauma no es el suceso en sí —no es la agresión, el abandono o la pérdida—, sino la herida interna que deja como resultado dice Gabor. Idea muy cercana a la concepción freudiana del trauma como impresión psíquica que el ego no puede asimilar completamente, abrumador para el yo, sobrepasando la capacidad defensiva y por este motivo produce una huella en lo inconsciente que genera síntomas, repetición de la experiencia y fijaciones.
La palabra “trauma” proviene del griego y significa “herida”. No todas las experiencias dolorosas son traumáticas, pero toda experiencia traumática deja una marca emocional que afecta la relación con nosotros mismos y con el mundo.
Gabor agrega que el trauma ocurre cuando algo que nos sucede supera nuestra capacidad de respuesta y regulación. Puede generarse tanto por lo que ocurrió y no debería haber ocurrido (abuso, violencia, humillación) como por lo que no ocurrió y debería haber sucedido (falta de cuidado, de validación, de presencia afectiva). Este segundo tipo —más invisible y frecuente— es el que considera la raíz de gran parte del sufrimiento humano.
Trauma y desconexión del yo auténtico.
El trauma, según Maté, no solo deja cicatrices emocionales: nos desconecta de nuestra autenticidad, de esa voz interior que sabe lo que necesitamos, sentimos y deseamos. Cuando en la infancia nuestras emociones fueron rechazadas o invalidadas (“no llores”, “no te enojes”, “no seas sensible”), aprendimos que ser auténticos podía poner en riesgo el vínculo con quienes dependíamos para sobrevivir.
Así se instala una tensión fundamental: la elección entre la autenticidad y el apego. Un niño puede sacrificar su espontaneidad, su enojo o su tristeza con tal de mantener el amor de sus cuidadores. Pero ese sacrificio tiene un costo: la pérdida de conexión con su propio ser. En la adultez, esa adaptación temprana puede expresarse como ansiedad, perfeccionismo, adicciones o dificultad para poner límites o decir la verdad.
El camino de sanación busca recuperar la autenticidad perdida.
El cuerpo como escenario del trauma.
El enfoque integra cuerpo, mente y emociones dentro de un mismo sistema. Desde esta mirada, el cuerpo no “guarda” el trauma, lo expresa. Las tensiones musculares, las enfermedades autoinmunes o las somatizaciones pueden entenderse como formas en que el organismo comunica aquello que no pudo ser sentido ni expresado en su momento.
Numerosas investigaciones respaldan esta idea. La neurobiología del trauma muestra que las experiencias tempranas de estrés modifican los circuitos cerebrales relacionados con la regulación emocional, la empatía y la autopercepción. Esto explica por qué, frente a un conflicto actual, reaccionamos de manera desproporcionada: no respondemos al presente, sino a la huella del pasado.
Reconocer esas respuestas sin juicio es un primer paso hacia la integración. Como dice Gabor, “no se trata de eliminar el dolor, sino de escucharlo hasta que revele lo que vino a enseñarnos”.
El trauma y la adicción: del juicio a la comprensión.
Uno de los aportes más relevantes de Gabor Maté es su redefinición de la adicción. Para él, la pregunta no es “por qué la adicción”, sino “por qué el dolor”. Las conductas adictivas —ya sean con sustancias, trabajo, comida o vínculos— no son fallas morales ni simples problemas de autocontrol: son intentos de aliviar una herida interna no resuelta. La adicción, en este sentido, es una estrategia de supervivencia, no una elección consciente.
Esta comprensión invita a abandonar el juicio y a mirar la conducta desde la compasión: detrás de cada compulsión hay un sufrimiento que busca consuelo. Cuando el paciente logra comprender esa función adaptativa, el espacio terapéutico se transforma en un territorio de reconexión y no de culpa.
La transmisión del trauma.
El trauma no se limita al individuo. Maté subraya que es un fenómeno multigeneracional. Las heridas emocionales no resueltas se transmiten inconscientemente a través de los patrones vinculares, las narrativas familiares y las respuestas emocionales automatizadas. En este sentido, la sanación personal también es un acto de interrupción del ciclo: cuando una persona se atreve a escuchar su propio dolor, libera a las generaciones futuras de repetirlo.
Sanar, volver a ser uno.
El término healing (sanar) comparte raíz con wholeness (integridad). Sanar, por lo tanto, no significa eliminar síntomas ni “volver al pasado”, sino recuperar la totalidad que se perdió cuando el trauma fragmentó nuestra experiencia.
Maté resume este proceso en cuatro principios, que dan nombre a su modelo H.E.A.L.:
Hear the pain (Escuchar el dolor): reconocer y nombrar las heridas sin negarlas.
Empower yourself to heal (Empoderarte para sanar): asumir la responsabilidad del propio proceso, sin autoexigencia.
Align your relationships (Alinear tus relaciones): sanar los vínculos desde la autenticidad.
Lifelong healing (Sanación continua): sostener hábitos y prácticas que mantengan viva la conexión con uno mismo.
Cada etapa implica un movimiento interno: del juicio a la comprensión, del miedo al contacto, del control al permiso de sentir. En palabras de Maté, “la curación no ocurre cuando nos convertimos en alguien nuevo, sino cuando dejamos de ser quienes tuvimos que ser para sobrevivir”.
El enfoque de Gabor Maté nos invita a mirar el trauma no como un defecto, sino como una adaptación que alguna vez nos protegió. Comprender esto transforma la forma en que nos tratamos a nosotros mismos.
Sanar el trauma no es un destino, sino un camino para volver a la autenticidad, al cuerpo y a la capacidad de sentirnos vivos. Desde esa reconexión, la vida deja de girar en torno a la herida y empieza a girar alrededor de la posibilidad de vivir con plenitud, autenticidad y presencia, eligiendo quién queremos ser. Con amor, Lic. Juana Testa




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